¿Capacitar o no capacitar?

Hoy México está posicionado como uno de los países con mayor fabricación y exportación de vehículos automotores a nivel mundial. Y uno de los grandes desafíos, como bien lo menciona Eduardo Solís, presidente de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA), es “consolidarse como uno de los principales centros de investigación, desarrollo e innovación de tecnología automotriz a nivel global”.

Por lo tanto, el sector automotriz mexicano se enfrenta a un aumento de producción, a mayores requerimientos de los clientes principales, a la necesidad de un mejor aprovechamiento de los recursos y de adaptarse a los cambios en materia de nuevas tecnologías y prácticas. Dada esta situación, los gerentes tienen que buscar soluciones de manera más eficiente y rápida, con ideas innovadoras y evitar la fluctuación de su personal.

Otro importante reto mencionado en el estudio de ProMéxico sobre la industria automotriz es certificar al personal no sólo en habilidades blandas, sino en habilidades específicas del sector automotriz.


Acorde al INEGI, hoy en día, el grado promedio de escolaridad de las personas mayores a 15 años es de 9.1, lo que equivale a un poco más de la secundaria concluida. Según un estudio de la Organización de Cooperación Económica y Desarrollo (OCDE), México gastó 2,668 dólares en términos de Precio Promedio Ponderado (PPP) por alumno de forma general en las instituciones educativas de la educación inicial en el 2014, muy por debajo del promedio de la OCDE de 8,858 dólares.

Aunque el gasto por estudiante sea poco, el gasto en instituciones educativas representa una proporción comparativamente alta tanto del PIB de México como del gasto público total, según la OCDE, ya que en el 2014 el gasto total federal y local en instituciones educativas de primaria a educación superior en México ascendió a 5.4% del PIB, por encima del promedio de la OCDE de 5.2%, pero ligeramente por debajo de otros países latinoamericanos, como Argentina (5.6%), Chile (5.5%) y Colombia (5.7%).

Por otro lado, el porcentaje sólo de la aportación federal ha disminuido, siendo 3.7% del PIB para el 2015 y 3,3 % para el 2017, este hecho contrasta con el inminente incremento de la demanda de los servicios de educación pública. Esto nos dice que México en realidad invierte mucho menos en educación que el promedio de los países pertenecientes a la OCDE, y es preocupante que otros países latinoamericanos apuesten más en este ramo.

Con respecto a la educación promedio de los obreros en la industria mexicana, de acuerdo con un estudio de ofertas de trabajo en el área de producción y de obrero en Indeed y OCC Mundial, 20% de las empresas activas en estas áreas tienen como requisito mínimo de escolaridad la primaria, 64 % la secundaria o grado técnico, y 16% el bachillerato. Esto significa que el requerimiento mínimo de las empresas es equivalente al grado de escolaridad promedio de la población nacional.

Por: Roman Senderek*, Natalia Reynoso*, Nina Rieck*

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